Madres Moria

 A mi también me crio una Moria.

Con el auge de la serie de la diva argentina por excelencia, no pude evitar pensar en mi madre. 

Algo de eso tendrá que ver con mi tendencia ultra yoica que me condena a relacionar todo con mi propia vida. Otro punto es que creo que las madres Moria existen, paralelamente a la idea de la madre tradicional o la idea de madre que uno quisiera, o de mínimas se nos enseña que es la madre "que hay que tener" ya que actúan como garantía de que uno "va a salir bien", si es que eso significa algo. 

Las madres Moria son un fenotipo más común de lo que se cree, o de lo que la sociedad está dispuesta a admitir. Las madres Moria son independientes, gozosas, pasionales y avasallantes. La mejor frase que trajo la serie que sirve para definirlas es la de yo quiero vivir con vos, no para vos. Y es así, las madres Moria envuelven a su cría bajo un manto de igualdad de condiciones, garantes de la libertad y, a la vez, predisponen un estado anárquico donde uno sea el propio limite para ser artífice de reglas y señales de stop. El cuerpo expuesto del niño y la energía inagotable de una madre que se rehusa a que el centro de su vida deje de ser ella misma. Somos cobardes si creemos que la única experiencia posible de la maternidad implica la absoluta disolución de la identidad en pos del rol de madre. Diría que, para empezar a dar estas discusiones, debemos despojarnos de tanto prejuicio arcaico. Todas las madres tienen consecuencias en los hijos. No hay maternidad sin error, sin conflicto. Podríamos profundizar y decir que en la esencia misma de la vida está metida la conflictividad pero, tal vez por hoy, sea conveniente cerrarnos en las madres. Las madres Moria son agentes del caos, son caóticas porque se sienten en su terreno de juego, son aguerridas incluso en tiempos de armisticio, a veces creando conflictos donde no los hay y acostumbrando a su cría a un estado de alerta constante. 

Yo recuerdo mis experiencias mas primarias con mi mamá Moria y mi mayor miedo era que ella muera. El terror de mi propia muerte nunca me fue inculcado, mi mamá le tenia mas miedo a que la vida fuera injusta conmigo que a que la muerte me sorprendiera temprano. Mi mamá Moria confiaba ciegamente en mi capacidad de existir y enseñarme a mi misma todo lo que fuese necesario, no temía mis cuestionamientos y rara vez se aceptaba equivocada. Su deseo profundo de libertad (producto de una vida llena de limites y prohibiciones) la llevaron a tratar de inculcar en mi lo más opuesto a una bota militar o a una cofia de convento. A veces tanta libertad puede convertirse en una prisión donde la mirada del otro es juicio y castigo constante. Mi mamá nunca tuvo en cuenta que el famoso super-yo iba a echar raíces en mi le guste o no. Está bien ma, no tenias forma de saber eso. 

El punto brutal de las mamás Mo es que no logran nunca identificar que su demanda de libertad constante es exactamente eso, una demanda. Y el niño, no solo no sabe como responder ante una demanda de tal investidura, sino que además necesita demandar también. Yo fui hija de una madre que no estuvo dispuesta a dejar de ser ella misma en pos de nadie, una madre que se sentía asfixiada por mis imposibilidades al habitar el mundo, que extrañaba la silenciosa compañía de su sombra, fiel seguidora, que ahora se veía tapada por una niña que le contaba los pasos. 

Como veníamos diciendo, la energía de las mamas Moria es avasallante. Son madres que pregonan la independencia pero a la vez eclipsan cada esfera de la vida. Recuerdo que en mi infancia sufrí mucho acoso y me daba terror contarle a mi madre, no por mi, sino porque sabía que al momento de hacerlo ese problema dejaba de ser mio y pasaba a ser de ella, y como dije, las mamás Mo tienen pulsiones bélicas. Son guerreras de campos de trigo, argumentan frente a paredes. Aunque, si tengo que ser justa, esa misma energía llenó de alegría momentos fantásticos de mi infancia. Y claro, mi mamá Mo siempre quiso que yo sepa, a ciencia exacta, que era especial. Una suerte de realismo mágico que me había hecho entrar en su vida para que ella evolucione, también me dejaba encomendada a mi la misión de ser mucho más de lo que se espera de mi

No hay maternidad, hay maternidades. Siempre hablamos de lo difícil que es ser madre, pero ser hijo es una condición que poco hemos explorado. Sobre todo porque se es hijo toda la vida, aún cuando nuestros padres no están con nosotros. Y, por suerte, ser madre es algo que uno puede elegir ser, o no. 

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